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Dos artículos que definen el proceso de "la tregua" entre las pandillas, su incio y su fin
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Siempre ha existido en la sociedad salvadoreña una gran confusión sobre el carácter de la tregua que inición en marzo del 2012 con un compromiso firmado por las tres pandillas peincipales del país para suspénder la guerra en ellos. Hoy, bajo el régimen de Bukele, ya no existe una discusión pública sobre este proceso, sino únicamente una versión oficial tergiversada que deslegitima este intento de construir paz social. La primera nota es una columna de Paolo Luers de diciembre 2012 que describe y analiza el inicio de la tregua. La segunda es una entrevista que El Diario de Hoy hizo al mismo autor en marzo de 2014, que describe el fin de la tregua.
Lo que rompió el balance y la inercia
Columna Transversal de Paolo Luers / El Salvador de Hoy y Siguiente Página / 27 de diciembre de 2012

Me niego a pretender que puedo producir un balance del año. Primero, porque los periódicos ya están llenos de ellos. Segundo, porque no hay balance posible entre lo bueno, lo malo y lo feo...
Me aventuro, sin embargo, a hablar de lo más importante y bueno del 2012: la tregua.
La tregua es el único evento político de este año que no era previsible. Nos agarró por sorpresa a todos y provocó un debate novedoso y productivo. Todo lo demás (los múltiples intentos de destruir la independencia de la Sala de lo Constitucional; la batalla por la Fiscalía; la compra de voluntades para nuevamente manipular la correlación de fuerzas establecidas en las elecciones legislativas; la guerra de desgaste entre el Gobierno y el sector privado; la ausencia de inversiones...) era "business as usual", como lo dicen los gringos, o "la misma mierda", como decimos en buen guanaco.
La tregua rompió moldes. Incluyendo el acostumbrado mapa político, con sus líneas divisorias tan claramente definidas. La tregua de las pandillas (y el proceso complejo de mediación entre las dos pandillas y entre ambas y el Gobierno) encontró, desde el principio, resistencia y apoyo tanto en la izquierda como en la derecha; tanto dentro del Gobierno como de sectores muy distanciados del Gobierno de turno.
Al principio la tregua provocó mucho más crítica y resistencia que comprensión y apoyo, a pesar de que de inmediato mostró resultados contundentes (una reducción dramática de los homicidios en el país). Cuando, además, la tregua (ya la baja de homicidios) no colapsó en una semana, ni en un mes, ni en medio año, como todos los "expertos" del tema pronosticaron, sino que más bien se fortaleció y se amplió abarcando a otros actores de la delincuencia y a otros delitos y formas de violencia más allá de los homicidios, en el país comenzó a aflorar en serio un proceso de reflexión y debate, no solamente sobre la tregua como tal, sino sobre el carácter de la violencia masiva en El Salvador y sobre los fenómenos sociales detrás de ella.
Y por primera vez este debate involucró a todos los sectores: iglesias, academia, medios, ONGs, empresarios. Incluso los menos dispuestos a debates innovadores, los partidos. Nos obligó a todos a repensar posiciones que durante décadas habíamos considerado inamovibles. Nos obligó como sociedad a encarar el problema de la violencia, en vez de seguir obviándolo y delegando la solución a los supuestos expertos y autoridades competentes. Que obviamente no solucionaron nada...
Lo interesante de este debate es precisamente que no se deja engavetar en ningún esquema tradicional. No es izquierda versus derecha, no es Gobierno contra la oposición, y tampoco es el Estado enfrentando al sector privado. Muchos prefieren seguir interpretando con estos parámetros la tregua, el proceso de mediación, y el rol que deben jugar actores como Iglesia, Gobierno, empresa privada, porque es menos doloroso y más cómodo, pero fracasan ante una realidad nueva que ya no se deja explicar y mucho menos influir desde estas perspectivas.
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La tregua y las oportunidades que a partir de ella se abren para atacar con eficiencia el problema de la violencia epidémica, que estaba al punto de asfixiarnos como país, pero al mismo tiempo los problemas sociales y estructurales detrás del fenómeno de la violencia pandilleril, han despertado malestar y resistencia en tantos sectores, porque ponen en evidencia que no podemos seguir delegando la responsabilidad al Gobierno, mucho menos a sus brazos armados-represivos como la PNC y la Fuerza Armada.
Lo que pudimos observar durante todo el año 2012 es la gestación imperfecta pero aparentemente irreversible de un proceso de paz, no entre grupos criminales y el Gobierno, sino dentro de la misma sociedad. Los pandilleros han dicho en voz alta y con sorprendente claridad y consistencia que NO buscan una negociación con el Gobierno, sino un proceso de reconciliación con la sociedad y la reinserción a la vida productiva, cultural y cívica.
Para que esto se vuelva realidad, se necesitan reflexiones y, en algún momento, respuestas y acciones concretas por parte de todos los sectores de la sociedad, incluyendo la empresa privada. Esto es lo esencial, mientras que las respuestas que tiene que dar el Gobierno más bien son complementarias.
El Gobierno (entendiendo no sólo el Ejecutivo, sino igualmente los demás órganos del Estado y sobre todo las alcaldías) tiene que tomar las medidas adecuadas para que el verdadero proceso pueda seguir avanzando: el proceso dentro de la sociedad civil que puede llevar a la paz y a la reinserción definitiva de los 50 mil pandilleros y sus contornos familiares y sociales. Pero de este compromiso el Gobierno no se puede seguir zafando.
Hasta ahora esta responsabilidad la han asumido el ministro de Justicia y la mayoría de los funcionarios bajo su mando, pero no el Gobierno como tal. Por lo menos no más allá de discursos. Muestra: El presupuesto nacional para el 2013 no refleja en lo más mínimo que el Gobierno haya redefinido sus prioridades y esté focalizando su "inversión social", para responder proactivamente a las oportunidades abiertas por el proceso de la tregua.
El hecho esencial de que la tregua es un proceso dentro de la sociedad civil y no una gestión gubernamental, tiene su expresión fiel en los dos personajes protagónicos que lo hicieron posible: monseñor Fabio Colindres y Raúl Mijango. Sólo personas sin atadura política y con la libertad de pensar y actuar "fuera del cajón" podían lograr los aparentemente imposible: entender los mensajes novedosos en el discurso de los pandilleros; descifrar su situación como individuos y dentro de sus familias, comunidades y organizaciones delictivas; servir de traductores y hacer puentes con un nuevo ministro abierto a revisar los dogmas de la Seguridad Pública; retar a la sociedad civil a abrir los ojos y encarar los problemas y las oportunidades de solución...
Ningún político o funcionario del Gobierno hubiera podido jugar este papel. Y los dos mediadores al principio operaron con el truco de usurpar la representación de "la iglesia" y "la sociedad civil", respectivamente, porque era la única forma imaginable de iniciar el proceso; no hubieran logrado nada si fueran agentes encubiertos del Gobierno.
Por suerte supieron convertir rápido la mentirita del inicio en realidad: Lograron que personas e instituciones, que sí representan algo en la sociedad civil, aceptaran el reto y comenzaran a trabajar para darle sostenibilidad a la tregua y convertirla en un real proceso de paz.
Todo esto, en su conjunto, es lo mejor que pasó en El Salvador en el 2012. Es lo que rompió el balance de la inercia.
“Si dicen que la tregua fracasó, ratifican el fracaso del Gobierno”
Entrevista de El Diario de Hoy a Paolo Luers / 6 de marzo 2014
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¿La frase del director de la Policía, Rigoberto Pleités, de que “la tregua se está agotando” qué significa?
Cuando Pleités y Perdomo (Ministro de Seguridad) hablan de que “la tregua se está agotando” lo que realmente están diciendo es: el gobierno fracasó. ¿En qué fracasó el gobierno? En la farsa de querer capitalizar los resultados de la tregua (reducción de homicidios, etc.), pero sin invertir de su parte en el proceso. El gobierno Funes no ha cumplido su compromiso adquirido, no ante los pandilleros, sino ante la ONU y toda la comunidad internacional y ante los alcaldes, de invertir en la inyección de educación, salud, oportunidades en las comunidades, los barrios, donde se genera la violencia. Y lo poquito que el gobierno, entre marzo 2012 y mayo 2013, ha aportado al proceso de reducción de la violencia, lo suspendió con la llegada de Perdomo y Pleités en mayo 2013: bajo el mando de Perdomo, el gobierno abandonó su rol de facilitación del diálogo y de la mediación.
Si ahora dicen que “la tregua fracasó”, ratifican el fracaso del gobierno. La tregua mostró en el período de Munguía Payés en el MSJ y Salinas al frente de la PNC su potencial cuando el Estado facilita el proceso: bajamos los homicidios a un promedio entre cinco y seis diarios.
Cuando Perdomo y Pleités asumen y suspenden el rol facilitador del gobierno, casi de inmediato esta tasa sube a un promedio entre 9 y 10 homicidios diarios – y así se mantiene hasta la fecha.
Pleités el otro día comparó el número de homicidios de enero/febrero de 2014 con los mismos meses del año 2013. Hubo un aumento de 27 %. Lo que no dijo es que estaba comparando las cifras de antes de la llegada de él y Perdomo con las cifras de homicidios bajo su mando. Hay que decirlo con toda crudeza: Los 27% de aumento se deben a los cambios políticos que las nuevas autoridades de Seguridad han implementado. Entre enero/febrero 2013 y enero/febrero 2014 la única cosa que ha cambiado es la política del gobierno frente a la tregua. Son ellos los responsables del aumento.
¿El gobierno se está desligando de la tregua?
Sí, desde el primer día que asumió Perdomo. Este mismo día despidió a Nelson Rauda, quien como director de Centros Penales fue clave para la facilitación del proceso de implementación de la tregua. El mismo día decretó que quedaron prohibidas las reuniones de los mediadores con los líderes de pandillas en los penales, así como el acceso de los medios a los penales. Con estas dos medidas complicó mucho la capacidad de los cabecillas, que son los firmantes originales de la tregua, de incidir en su implementación y en la mediación de conflictos en el terreno. Hacen renunciar a Douglas Moreno, el funcionario al que Funes había encomendado la coordinación de todos los programas sociales que tenían que acompañar al proceso de reducción de violencia. Y este mismo día sale Perdomo en televisión diciendo: Se terminan los privilegios en las cárceles. Pero lo único que suspendió en las cárceles fueron los mecanismos que permitieron a los cabecillas procesos a jugar un papel en la mediación de conflictos.
Al mismo tiempo, Perdomo comienza a atacar en público a los mediadores y hace múltiples intentos de sustituirlos con personas menos independientes y que realmente actuarían como emisarios del ministro. Esto fracasa simplemente porque los pandilleros se niegan a aceptar mediadores nombrados por el gobierno.
A partir de este momento, a mediados de 2013, los mediadores y las pandillas tienen que construir nuevos canales de diálogo y mediación, para poder seguir con su trabajo de desmontar conflictos entre pandillas y entre pandillas y población antes de que escalen a niveles mayores de violencia. Gracias a estos esfuerzos, que reciben el pleno apoyo de los líderes en las cárceles y en libertad, se logra mantener la tregua y los proyectos de reducción de violencia en los 11 municipios, pero ya no con la misma agilidad y eficiencia como antes, cuando el gobierno facilitaba el proceso. Hoy incluso hay una línea de acción de la PNC de perseguir a los miembros de las pandillas que están incorporados en las redes de mediación a nivel nacional y local.
¿Cómo se explica el aumento de homicidios?
El aumento de homicidios que observamos a partir de junio 2013 se debe a la afectación del esquema de mediación por parte de las nuevas autoridades de Seguridad.
La violencia no se deja erradicar por un decreto, como el acuerdo entre pandillas que dio luz a la tregua en marzo. La violencia es como una enfermedad que rebrota en las comunidades mientras existen las condiciones que la generan. La mediación es permanente y concreta. Cuando se debilita la mediación, restándole agilidad, la violencia tiende a aumentarse.
Hay que entender dos cosas: el carácter permanente de la mediación, como intervención en los procesos que generan violencia. Y segundo: esta mediación como método de reducción de violencia y de solución alternativa de conflictos en las comunidades es un proyecto conjunto entre los mediadores externos (Mijango, Colindres, pastores, mi persona, ONG, alcaldes) con miembros de las pandillas. Parte esencial de los acuerdos alcanzados con las pandillas es su participación activa en el esquema de la reducción de violencia. Las pandillas han asignado decenas de sus miembros, y algunos con alto nivel de poder, a esta tarea. Son parte de la mediación. Sin ellos no funciona. Si la PNC recibe órdenes de perseguir a estos pandilleros, no por delitos cometidos, sino precisamente por su rol como mediadores, el gobierno está atentando contra el proceso de reducción de la violencia.
Ojo: a pesar de esto, y de muchas capturas en este contexto, las pandillas nunca han suspendido su compromiso de mantener el trabajo de mediación.
El Fiscal ha declarado que la tregua nunca existió…
El Fiscal General está insistiendo que la manera como el gobierno manejó la tregua es hipócrita. Y en buena parte tiene razón. Se necesita que el gobierno entrante defina con claridad y transparencia su rol frente al proceso de reducción de violencia. En esto hay coincidencia entre el Fiscal y los mediadores, y yo personalmente he discutido esto con Luis Martínez. Él no objeta un proceso transparente de diálogo y mediación, e incluso deja abierto que la FGR puede jugar un papel en esto.
¿El cambio de discurso del gobierno será por lo que dijo el Fiscal del pago a las maras?
No creo. Es más por presiones de Estados Unidos y de la opinión pública y los medios.
¿Cuál es su análisis de todo esto a las puertas de la segunda vuelta electoral?
Cualquiera que asuma el gobierno próximo va a tener que enfrentarse al problema que es mucho más profundo que la presencia de las pandillas. Es el problema de barrios, comunidades y municipios casi enteros donde el Estado no juega su papel de proveer los servicios elementales de seguridad, educación, oportunidades, salud, etc. Ni siquiera como autoridad moral existe el Estado. En este vacío nacen y crecen las pandillas.
El próximo gobierno, sea de ARENA o del FMLN, tiene la oportunidad de oro de que existe el proceso que inició con la tregua y quiere convertirse en un proceso integral de rehabilitación, reinserción y pacificación – y que el nuevo gobierno puede entrar en este proceso sin cometer los errores del gobierno saliente. Solo tiene que definir bien su rol, el rol de las alcaldías, el rol de los mediadores – y hacer lo que es tarea esencial del gobierno: definir prioridades, focalizar inversión social, proveer recursos, facilitar procesos que involucren a toda la sociedad, incluyendo la empresa privada.

