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En 1984, Ana Guadalupe Martínez, comandante guerrillera del ERP y miembro de la Comisión Política-Diplomática del FMLN/FDR, fue invitada a hablar en una manifestación del movimiento alemán por la paz en Bonn. Los temas centrales: el rechazo al despliegue de misiles nucleares estadounidenses en Alemania y la solidaridad con los movimientos de liberación nacional en Centroamérica. A mí me tocó acompañarla en este viaje a Alemania como traductor y guia.
El parque enfrente de la Universidad de Bonn se llenó con cientos de miles de personas, reflejo de una frágil alianza entre movimientos de paz, ecológicos y de solidaridad, organizaciones de izquierda radical y la socialdemocracia. Se dieron varios conflictos: los radicales no estaban de acuerdo con la decisión de invitar a Willy Brandt como orador, a otros les pareció extraño que iba a hablar una dirigente guerrillera en una manifestación de la paz. Ana Guadalupe y yo escribimos el discurso, conscientes de estos problemas y reflexionando sobre ellos.
Al fin fue el discurso de Ana Guadalupe y su posterior intervención cuando una parte de los asistentes querían interrumpir a Brandt que resolvieron el problema. Recientemente un amigo que mandó copia de este discurso que estaba archivado en un centro de documentación. Lo publicamos como documento histórico. (Paolo Luers)

Discurso de Ana Guadalupe Martínez, miembro de la Comisión Político-Diplomática del FDR/FMLN en la manfestación nacional por la paz / 3 de noviembre de 1984 / Bonn
Amigos y amigas, compañeros y compañeras:
Es para mí una gran alegría verlos a todos aquí. Porque necesitamos la solidaridad de todos.
Para un pueblo pequeño, que lucha contra la intervención de la potencia mundial más fuerte, la solidaridad de las masas es tan importante como la de amigos como Willy Brandt, tan importante como la de los sindicatos, tan importante como la de los comités de solidaridad y del movimiento por la paz.
Nuestro pueblo es un pueblo de hombres y mujeres sencillos, en su mayoría campesinos y trabajadores del campo. Pero ha demostrado al mundo un enorme valor al luchar por la solución de los problemas que lo agobian: hambre, tortura, asesinato político e injusticia social; dependencia y subdesarrollo.
Prueba de ello es la decisión de emprender la lucha con las armas en la mano, después de haber agotado todos los medios pacíficos.
La mejor prueba de esta firme determinación es, sin embargo, que la moral y la disposición de lucha del pueblo salvadoreño no se han quebrado en absoluto, a pesar de que en esta guerra ya se han sufrido más de 50.000 muertos.
50.000 muertos norteamericanos bastaron para hacer fracasar al ejército de los EE.UU. en Vietnam, porque el pueblo norteamericano no estaba dispuesto a seguir sacrificándose por una guerra que reconocía como injusta y que no respondía a sus intereses.
El hecho de que el pueblo salvadoreño, después de cuatro años de guerra y a pesar de la pérdida de una proporción de población que equivaldría en la República Federal a más de medio millón de personas, siga avanzando en su lucha, es la prueba convincente de que esta es justa y legítima.
Hemos venido a esta manifestación en un momento en que en nuestro país se han desplegado grandes esperanzas de paz.
Pero estamos convencidos de que ustedes no se entregan a falsas esperanzas: pues todos ustedes han venido aquí para manifestaros contra la persistencia de la injusticia y de la intervención en Centroamérica.
Esto significa que ustedes tienen clara conciencia de las causas profundas del conflicto que viven los países centroamericanos, y de que en esta región no es posible la paz mientras no se eliminen esas causas. Esto lo han aprendido de su propia experiencia en la lucha por la paz.
Su lucha no es de hoy, es una lucha larga y continuará hasta que desaparezcan las causas que la han hecho necesaria, causas que en este momento incluso se agudizan aún más por la política agresiva del gobierno de los EE.UU.
Su movimiento continuará mientras no se alcancen los objetivos por los que cientos de miles de personas salen a las calles y plazas de la República Federal Alemana en manifestaciones de lucha.
La diferencia entre nuestra lucha y la suya radica en que a nosotros la guerra nos fue impuesta como último recurso para alcanzar los objetivos que nuestro pueblo se ha propuesto.
Los derechos humanos y los derechos sociales son derechos fundamentales. Y el mínimo material de existencia es, a la vez, el mínimo de existencia de la dignidad humana.
El pueblo alemán ha conquistado —en luchas que también fueron amargas y largas— estos derechos y ha asegurado sus necesidades básicas. Nosotros, los salvadoreños, aún no lo hemos logrado.
Por eso ustedes no se ven colocados, como quizá todavía sus abuelos y como hoy nosotros, ante la alternativa de morir pasivamente de hambre o morir luchando.
Aunque esta diferencia parezca fundamental, en lo que respecta a la paz partimos, sin embargo, de las mismas posiciones: La lucha por la paz no significa pasividad ni resignación, no significa rendirse ante el chantaje o el miedo.
Lucha por la paz no significa simplemente: ausencia de guerra.
Si así fuera, su movimiento por la paz no existiría, dado que en Alemania no hay guerra desde 1945.
Partimos de la base de que ustsdes luchan por eliminar el estado de miedo, la amenaza y la inseguridad; que quieren determinar ustedes mismos vuestro futuro, hoy ensombrecido ante los riesgos de una guerra cuyo escenario principal sería Europa.
Ustsdes luchan por un orden que conjure los peligros de una guerra nuclear y establezca relaciones justas entre el Norte y el Sur, lo que sería el elemento fundamental para la distensión en el mundo.
Esta es también la razón por la que el movimiento por la paz y el movimiento de solidaridad con las luchas de liberación de nuestros pueblos tienen tan amplia coincidencia en objetivos y acciones.
Así como a ustedes no les interesa una paz abstracta, el pueblo salvadoreño tampoco lucha simplemente porque cese la guerra. La paz en El Salvador no tiene sentido si los escuadrones de la muerte siguen ejerciendo su régimen de terror, si nuestros niños siguen muriendo de hambre, si a nuestros campesinos se les niega el derecho de asociación y a nuestros trabajadores el derecho de huelga.
Y precisamente eso es lo que el gobierno de los EE.UU. y las clases privilegiadas de El Salvador no quieren aceptar: paz y justicia.
Si sobre este punto hay confusión; incluso nuestros amigos y aliados en todo el mundo pueden ser víctimas de falsas esperanzas, en relación con los pasos que ha iniciado Duarte al aceptar recientemente el diálogo sin condiciones previas propuesto desde 1982 por el FMLN/FDR.
Se podría estar tentado a creer que el diálogo iniciado es expresión de una disposición unilateral de Duarte hacia la paz y que por sí solo podría llevar a una solución del conflicto.
Si el diálogo ha comenzado ahora, es gracias a la enorme fuerza que ha acumulado el movimiento revolucionario y democrático. El reconocimiento precisamente de esa fuerza es el verdadero significado de la primera ronda de conversaciones. Que este diálogo conduzca realmente a una solución política dependerá de la decisión del pueblo salvadoreño de volver a duplicar sus fuerzas: en la lucha política, en la militar, en la sindical y en la diplomática.
Podemos aseguraros: el pueblo salvadoreño tiene suficiente conciencia como para no dejarse engañar por ningún intento de jugar con su anhelo de paz. Hemos creado los instrumentos militares, políticos y diplomáticos para convertir el diálogo, aun cuando se nos ofrezca como maniobra dilatoria, en un hecho real y orientarlo hacia la paz y la justicia.
El diálogo por sí solo no puede poner fin al conflicto ni eliminar sus causas. Sería como pensar que el desarme nuclear pudiera lograrse en Ginebra sin el despliegue, el crecimiento y las múltiples formas de lucha de este movimiento de los pueblos por la paz.
La clave de la paz en El Salvador sigue estando en las luchas del pueblo y en la fuerza militar y la organización política que este ha generado en cuatro años de guerra. Contribuir a la paz en El Salvador y Centroamérica solo puede significar, por tanto: apoyar con mayor decisión las luchas de nuestros pueblos.
Es necesario apoyar todas las reivindicaciones que han planteado las masas organizadas, que ahora llenan el espacio que han abierto la debilidad del régimen y la fuerza del FDR/FMLN.
Es necesario apoyar a las madres de los presos políticos y desaparecidos, que han retomado la lucha por los derechos humanos. Las luchas de los trabajadores por sus reivindicaciones y las de los empleados públicos por sus salarios impagados. Las luchas de los campesinos cooperativistas contra el desmantelamiento de la reforma agraria, y de la población civil contra los bombardeos, las masacres y las "operaciones de limpieza" del ejército.
Y es necesario apoyar al FMLN, cuyas armas son la única garantía de la existencia y del espacio de despliegue de todos estos movimientos, y las únicas que hacen posible hacer frente a la escalada de la intervención norteamericana.
Quien quiera contribuir a la paz en El Salvador debe estar alerta y preguntarse: ¿hasta qué punto llega la disposición de paz del régimen y del gobierno de Reagan?
Hay que impedir que el diálogo se utilice como truco propagandístico para engañar al pueblo norteamericano y al Congreso, y así, en definitiva, aumentar la ayuda militar a El Salvador.
Invitamos a todas las organizaciones que han convocado a este acto a formar delegaciones y enviarlas a El Salvador, para investigar la situación de los derechos humanos, los bombardeos contra la población civil, la participación de los norteamericanos en la guerra, etc.
En las condiciones actuales que prevalecen en el mundo, ante las tensiones existentes y la brecha entre países ricos y pobres, la paz es algo que concierne a la humanidad en su conjunto.
Una intensificación de la intervención militar de los EE.UU., que ya ha convertido los conflictos internos y sociales de los países centroamericanos en un conflicto regional, aumentaría las tensiones en el mundo y dificultaría aún más el desarme.
Cuando decidimos participar en esta manifestación, no se trataba únicamente de una manifestación de solidaridad que, aunque impresionante y conmovedora, representa sin embargo una acción muy limitada. Sentíamos el deseo de iniciar con ustedes un diálogo sobre cuáles son nuestros puntos en común y cómo podemos encontrar juntos formas de acción para poner fin a la guerra y a la intervención en Centroamérica.
Al hablar de su lucha y de la nuestra, quisimos encontrar la base para una relación permanente que quisiéramos establecer entre los alemanes y los salvadoreños, entre vuestro movimiento por la paz y nuestro movimiento por la libertad.
Esta relación quisiéramos resumirla al final en una frase: para instaurar la paz en El Salvador, Centroamérica y el mundo, la lucha de los pueblos es un derecho y la solidaridad es un deber.
(Texto en alemán del discurso de Ana Guadalupe Martínez. Fue redactado en español por AGM y Paolo Luers, leído en la manifestación de Bonn en español por AGM y en la traducción alemana por PL. Encontramos el documento en alemán en los archivos del movimiento de solidaridad con El Salvador en Alemania y luego fue retraducido por PL al español. No existe récord del original en español.)
Quien quiere consultar el texto como fue leído en alemán, lo encuentra en formato PDF en este LINK.
Si quiere ver (en alemán) un análisis autocrítico de este evento del 3 de noviembre 1944 en Bonn, publicado por la revista del movimiento alemán en pro de América Latina, lo encuentra en este LINK.