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Republiqué hoy en mi cuenta de Twitter/X un artículo de Arturo Pérez-Reverte, titulado “La guerra que todos seguimos perdiendo”. Es interesante, no solo para España. En muchos lados, también en El Salvador, hay una disputa sobre la memoria sobre el pasado reciente que marca el presente, por ejemplo dictaduras pasadas, guerras civiles, transiciones democráticas. Y muchas veces, como en este ejemplo que analiza Pérez Reverte, hay fuerzas que quieren impedir el debate amplio, plural y honesto sobre estos eventos tan importantes para el presente. Pérez Reverte describe como sectores de la izquierda radical lograron boicotear un evento llamado Letras de Sevilla con el tema “1936: La guerra que todos perdimos”.
“Los ataques de la izquierda radical al debate que iba a celebrarse en Sevilla en torno a la Guerra Civil -un debate concebido desde la pluralidad, el rigor y la discusión razonada- deben interpretarse como lo que realmente fueron: un acto deliberado de intimidación ideológica y un síntoma evidente de la enfermedad que degrada la vida cultural y política española. “
En El Salvador ya no es posible un debate público sobre la guerra civil, los Acuerdos de Paz del 1992 y la transición democrática. Hay una narrativa oficialista impuesta por la dictadura que relata la historia de su manera partidaria y no permite un debate plural sobre el tema.
Dice Arturo Pérez Reverte: “Durante mucho tiempo, en España como en el resto del mundo, se asumió que el gran enemigo de la democracia era la censura explícita: la prohibición legal, el cierre de medios, la persecución física del disidente. Hoy, sin embargo, el fenómeno adopta formas más sofisticadas y eficaces. No hace falta prohibir un acto cultural si se consigue desacreditarlo públicamente. ¿Para qué debatir si es más fácil y barato amedrentar? El resultado es idéntico. Lo ocurrido en Sevilla no fue un episodio aislado sino un hecho gravísimo: la manifestación miserable de una tendencia cada vez más extendida. La sustitución de ideas por consignas impuestas, del diálogo por el sectarismo y del pensamiento crítico por la adhesión identitaria.”
La única diferencia es que en El Salvador ya es el gobierno que no deja que se desarrollen diálogos y debates.