
La noticia del cierre de la edición impresa de EL DIARIO DE HOY ha provocado muchas reacciones en las redes sociales, tanto de ex colaboradores, como de seguidores y detractores.

Para mí, siempre cuando una rotativa se para, me provoca tristeza. El periódico de papel es algo como la tienda de la equina, el bar del barrio. No se sustituyen con un mall o un Starbucks. El periódico papel tiene vida social. Se comparte entre todos en las oficinas, en los cafés, en los talleres y fábricas. Pasa de mano a mano. Uno lee las noticias, el otro la sección deporte, otros se informan sobre negocios y algunos prefieren las columnas de opinión. Otros solo estudian las los anuncios clasificados que ofrecen casas, carros, múltiples servicios, incluyendo amor. Nada de esto es sustituible por una pantalla. La pantalla le quita al periódico el carácter social, leer se convierte en un acto solitario.
Mi primera experiencia con una imprenta no fue con una rotativa sino con una pequeña imprenta casi artesanal donde nos imprimieron el periódico “Rostra” de mi colegio, del cual fui redactor en jefe – mi primer ejercicio periodístico que casi me causó la expulsión de la noble institución.
En este taller, el maestro y su aprendiz usaron la técnica más tradicional y manual: en marco de madera armaron con letras de plomo las páginas. Era fascinante.

La primera imprenta con rotativa la vi en el Osnabrücker Tageblatt, el periódico local donde durante el bachillerato hice una pasantía, porque soñaba con ser periodista. Me encantaba ver como trabajaban los tipógrafos. Armaron las páginas del periódico, línea por línea de texto, en una máquina Linotipe. Eran los trabajadores mejor pagados de la imprenta y todavía no tenían idea de que en pocos años su profesión desaparecería. Me hice amigo de estos viejos y convencí a sus jefes que me dieron chance durante las vacaciones a trabajar con ellos y también en la rotativa. Es ahí donde entendí que detrás del periodismo hay varias muy nobles oficios de obreros altamente calificados.
Para ver como funciona esta máquina, aquí el LINK
Cuando fui redactor en la TAZ, el periódico de izquierda en Berlin, a finales de los años 70, ya no existía la tipografía con plomo. Todavía no existían las computadoras, pero si máquinas de tipografía. Funcionaban como una gran máquina de escribir eléctrica. Aprendí este oficio por pura curiosidad, aunque tenía claro que esta manera de preparar la impresión iba a desaparecer pronto. La TAZ no tenía imprenta propia. Siempre cuando había que ir a revisar algo en la rotativa, me apunté. Siempre me fascinó en proceso físico de la producción de un periódico.
Cuando en 1984, ya en San Salvador, publicamos el semanario Primera Plana, cada semana invadimos la imprenta del Latino para para ajustar la rotativa y lograr una mejor impresión. Teníamos a dos impresores alemanes que no ayudaron a sacar Primera Plana con una impresión limpia, mucho mejor que los impresores del Latino sacaron para su propio periódico.
En El Diario de Hoy visitaba a veces la rotativa, un monstruo de varias torres, para platicar con los impresores que estaban orgulloso de mostrarme todo lo que podían hacer con esta máquina.
LINK para ver trabajar la rotativa de EDH
No sé qué van a hacer estos hombres ahora que el Diario y el MAS ya no se imprimirán. Dudo que habrá clientes para mantener la rotativa trabajando.








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