Al fin vi a La Odisea de Christopher Nolan. No en Imax, porque para esta sala ya no habían entradas. Pero en una sala VIP donde estás sentado como en business class de avión. Las tres horas se hicieron cortas. Para la película había que condensar la historia a una sucesión de batallas, desafíos a dioses, mujeres hechiceras y monstruos. Si no, la película hubiera durado 12 horas. Nolan logró hacerlo sin distraer de su propósito de desarrollar el viaje emocional de Odiseo y convertirlo en una historia moderna. Confieso que la película me impresionó y me enseñó mucho más que la obligada lectura -¡en griego!- en el bachillerato, que me dejó traumado. Bien hecho. El cine está vivo.

No me voy a meter en el controversial debate entre los críticos de cine y otros que piensan que lo son. Dos buenas reseñas -una positiva del columnista del New York Times Ezra Klein, la otra negativa del crítico salvadoreño Rodolfo Medina- las publicamos en "El caballo de Troja de Christopher Nolan", en nuestra sección Columnas.