November 4, 2026
Carta a Trump: GAME OVER
Cada comentarista está escribiendo su opinión sobre el terremto político en Estados Unidos. Paolo Luers escribe una carta al ran perdedor.
Carta a Trump: GAME OVER

De Paolo Luers / 4 de nviembro¿e / SitioPaolo

Mr. President:
Se acabó su sueño del poder absoluto. Aunque usted hizo todo lo que estaba a su alcance para evitarlo, la democracia funcionó. Los electores hablaron y le dijeron: Se acabó, game over. Nunca hizo caso a los contrapesos que el sistema republicano provee para limitar el poder presidencial, pero ahora estos contrapesos —restaurados, fortalecidos y validados por el voto popular— le pondrán candados a sus insaciables gustos por el poder, la adulación, la riqueza… y el oro.
Un comentario escueto en X lo resume: "Trump no logró regime change, el cambio de régimen, en Irán, pero sí en Texas." Y yo diría: en los Estados Unidos de América. Y tal vez —uno puede soñar— en el mundo.
El nuevo Senado y la nueva Cámara de Representantes elegidos ayer van a comenzar a llevar de regreso al terreno de la sensatez y la racionalidad las políticas internacionales, de seguridad geopolítica y del comercio exterior de los Estados Unidos, y usted estará sentado en la Casa Blanca, rodeado de oro, pero con el poder de un lame duck, un pato cojo con poco espacio de maniobra.
Usted no podrá ignorar al Congreso. Al desafiarlo corre peligro de provocar un impeachment, un juicio político para separarlo del cargo. Razones jurídicas hay de sobra, relacionadas con enriquecimiento ilícito, conflictos de intereses y decisiones anticonstitucionales. Si les da a los senadores una fuerte razón política para el impeachment, no dude de que, después del desastre que sufrió el Partido Republicano ayer por culpa suya, habrá una docena de senadores republicanos dispuestos a dar sus votos para sacarlo de la Casa Blanca antes de que haga más daño, por ejemplo reanudando la guerra contra Irán o poniendo en peligro la alianza transatlántica con Europa...
Para el mundo entero —menos su amigo Vladimir Putin— será un alivio ver cómo se limita su poder, incluyendo el poder de intervención indebida en América Latina.

El auge de la ultraderecha en América Latina, por muchos ya celebrado como irreversible, a partir de ahora va a perder su principal promotor. La ultraderecha no desaparecerá, porque siempre tiene orígenes internos, pero se debilitará. Ya sufrió un golpe con el triunfo de Lula en Brasil y la huida (bajo sus faldas) de Flávio Bolsonaro.
Los apetitos de poder absoluto de figuras como Abelardo de la Espriella y Keiko Fujimori serán condenados al fracaso con el inquilino de la Casa Blanca debilitado y su movimiento MAGA descompuesto. Incluso el presidente latinoamericano que ya logró tomar control personal de todo el Estado, Nayib Bukele, verá reducido su espacio para aventuras como la intervención en Haití. Con el nuevo Congreso en manos de los demócratas, habrá un escrutinio más crítico, menos condescendiente, de los abusos de autoridad y las violaciones de derechos humanos en El Salvador.
Incluso la manera como Estados Unidos ejerce su tutelaje sobre Venezuela, manteniendo con vida el gobierno chavista y posponiendo la transición democrática y las elecciones libres, sufrirá cambios, aunque usted todavía esté sentado en el Oval Office admirando la espantosa cursilería dorada.
Conociéndolo, estoy claro que no se va a dar por vencido. Antes de reconocer que ya no es el strong man que ha jugado a ser desde su reelección, y que le dieron jaque, va a botar el tablero. Pero no se salvará del jaque mate.
Dicen que un lame duck puede ser peligroso, porque ya no tiene nada que perder y tiende a hacer locuras. Pero por más pataletas que haga, al final caerá aún más duro.
Me uno a la larga fila de quienes celebran su derrota, desde los israelíes que quieren deshacerse de Netanyahu y buscar estabilidad y paz, pasando por el pueblo iraní, que desde que usted y Netanyahu fueron a la guerra con el régimen islamista, ve totalmente cerrado el espacio político para la oposición; el pueblo de Venezuela, que anhela elegir libremente a un gobierno democrático; los defensores de derechos humanos en El Salvador, que se sienten abandonados y traicionados por Estados Unidos; y el pueblo ucraniano, que sufre las consecuencias de su acercamiento con Putin... La cola es larga. Todos ellos celebran su derrota, señor Trump, y yo me uno a la fiesta.
Saludos,

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