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La Inteligencia Artificial no es una varita mágica para sustituir a profesores. COLUMNA TRANSVERSAL
En El Salvador promueven la ilusión de que la tecnología y la Inteligencia Artficial son baritas mágicas para resolver los problemas estructurales del país. Per la teconología no es magia, es ciencia. Hay que saber cómo aplicarla de manera creativa.

El gobierno de Nayib Bukele fomenta una ingenua creencia en la magia de la tecnología. Por supuesto, la tecnología puede ser un instrumento del progreso, pero solamente en manos de personas que saben cómo aplicarla, saben cuáles son sus límites y cuáles son sus riesgos. Por si sola, la tecnología no resuelve problemas. No es magia, es ciencia.
Todo esto aplica a la tecnología que está por revolucionar el mundo: la Inteligencia Artificial (IA). Quien piensa que puede aplicarla como si fuera magia, para resolver los problemas del país, sin antes crear las condiciones indispensables, está engañando a la gente.
Pero, precisamente esto es lo que hizo el gobierno salvadoreño en el campo de Salud, introduciendo la Telemedicina para sustituir a médicos especialistas, en vez de formar a los médicos para que sepan usar la IA como apoyo. Despiden a cientos de médicos e invierten en tecnología que nadie sabe usar bien.
Hoy hacen lo mismo con la Educación. Como siempre, acompañado de un gran despliegue de propaganda, con la entrega de 1.2 millones de computadoras a los alumnos – y con el anuncio, hecho junto Elon Musk que este magnate tecnológico va a facilitar a cada alumno salvadoreño los servicios de Grok, la IA de Twitter/X. Cada alumno tendrá a su disposición un tutor personal artificial de Grok para matemáticas, otro para aprender inglés y otro para redactar sus tareas. Dicen que saldrá una generación de genios... No, señores, saldrá una generación sin capacidad de crear, de pensar y de redactar.
El Salvador no es primer país que piensa que puede superar con la IA y con equipos digitales sus deficiencias en el sistema educativo, en el caso de nuestro país la falta de profesores y de planes de estudio adaptados a la revolución tecnológica. Igual que en El Salvador, en otras partes repartieron computadoras a todos los alumnos y les habilitaron el acceso a la IA. Por ejemplo, en Finlandia, en Suecia o en Canadá. Y fracasaron, aunque estos países tienen mejores condiciones para este experimento. En estos países, todos tienen acceso a Internet y disponen de un profesorado altamente capacitado, con mucho más conocimiento para entender y usar la tecnología que en El Salvador. Pero están llegando a la conclusión que para usar adecuadamente la IA tendrán que invertir antes en la investigación del impacto de esta tecnología sobre el desarrollo de los alumnos y en una formación mucho más especializada de los profesores. Sin esto, concluyeron, los riesgos del uso de la IA en la escuela serían más grandes que los beneficios pedagógicos. Esto es un fenómeno que ya se había dado con el uso del Internet y los teléfonos inteligentes en manos de los alumnos. Sin una concepción pedagógica para su uso y sin el tutelaje por parte de profesores altamente capacitados, tiene resultados contraproducentes.
El Ministerio de Educación de Suecia publicó un pronunciamiento titulado “Government investing in more reading time and less screen time”, en el cual dice: “Estudios científicos demuestran que un ambiente libre de pantallas provee mejores condiciones a los niños para desarrollar relaciones sociales, para aprender a leer y escribir. Por tanto, es importante que apoyos digitales de aprendizaje solo se introduzcan a la escuela para alumnos de la edad en la cual estos apoyos refuercen en vez de que obstaculicen el aprendizaje.”
El investigador Alan Daitch, experto en Inteligencia Artificial, escribe sobre la experiencia sueca: “Suecia era el laboratorio perfecto: país rico, hiperconectado, progresista. Hicieron lo que todos pensábamos que era el futuro: digitalizar la educación desde el jardín de infantes, cada chico con su tablet, cada aula conectada y cada libro reemplazado por una pantalla. Si algún país iba a demostrar que la tecnología mejora el aprendizaje, era este.
Sin embargo, y para sorpresa de todos, los resultados de comprensión lectora empezaron a caer. Las pruebas PISA mostraron algo que nadie esperaba: más horas de pantalla en la escuela no estaban generando mejores alumnos, sino peores. Los que menos pantalla usaban rendían un año y medio por encima de los más expuestos, y dos de cada tres estudiantes con laptop terminaban dedicando la mayor parte de la clase a cualquier cosa menos a aprender.”
El uso inadecuado de la IA en la educación es problemático incluso en la educación superior. En una columna en el New York Times, el vicedecano de IA en la Columbia University, Mathew Conelly, advierte: “Todavía es demasiado pronto para saber cómo el uso de la IA afecta la capacidad de los jóvenes para aprender. Pero la investigación sugiere que los estudiantes que usan IA no leen tan cuidadosamente cuando investigan y que escriben con menor precisión y originalidad. Los estudiantes ni siquiera se dan cuenta de lo que se están perdiendo. Pero los educadores y los empleadores lo saben. Leer de cerca, pensar críticamente y escribir con lógica y evidencia son precisamente las habilidades que la gente necesita para darse cuenta del potencial de la IA para apoyar el aprendizaje permanente.”
En Finlandia, Suecia, Canadá y otros países altamente desarrollados comienzan a reducir el uso de las computadoras, del internet y de la IA en las escuelas. Lo redujeron a clases especializadas, concebidas para enseñar a los alumnos los alcances, los límites, los riesgos y los beneficios del uso de la IA. Están tratando de formar una generación que de manera crítica, creativa y disciplinada sabrá usar la IA como herramienta de estudio, de redacción y de creatividad.
Nada de esto está pasando en El Salvador. Convierten todo esto en otro show propagandístico que además genera la ilusión que con esta herramienta mágica será fácil progresar y entrar en el mundo tecnológico. Si en Suecia no hubo condiciones para introducir la IA de manera responsable a la vida de los alumnos, ¿cómo podrá funcionar en El Salvador?
Piensan que con esto pueden ahorrarse la inversión en la formación de los profesores, que es indispensable si en El Salvador queremos dar un salto de calidad en la educación y enseñar a la generación joven todo lo que puede hacerse con la IA cuando se use de manera crítica y creativa – y no para hacerse la vida más fácil y cómoda.
Lo irónico en este tema es que el gobierno salvadoreño acaba de anunciar un convenio de cooperación con el Ministerio de Educación de Finlandia. Pero repiten los errores cometidos en este país, en vez de aplicar las lecciones que los finlandeses han sacado de sus errores. Ojalá que en el Ministerio de Educación salvadoreño haya alguien dispuesto a hacer caso a los consejos de los finlandeses y suecos, aunque contradigan la propaganda oficialista.
Con la educación no se juega, ni tampoco con la salud. Son demasiado importantes para someterlos a la improvisación y a planes que nacen del mercadeo y no de un estudio serio de los problemas y sus soluciones.
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