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El bukelismo después de Bukele. De Jesús Villalta
La pregunta que nadie se ha hecho: ¿Y despes de Bukele, qué? El columnista invitado abre el debate sobre esta interrogante, porovocando a la oposició a enfrentadla
Presentamos hoy un nuevo columnista invitado. Es otro ciudadano preocupado, un reconocido académico, que ha decidido adoptar un seudónimo. Quiere usar el sitio PAOLO, en sus propias palabras, “para decir lo que en El Salvador no lo puedo decir con esta claridad¨. Nuestro autor tiene tiempo de participar activamente en el debate nacional, pero está claro de los límites que un diálogo franco y profundo enfrenta hoy en día en El Salvador.
Por supuesto, como editor responsable del sitio conozco la identidad del autor y su implacable trayectoria. Es un honor contar con su contribución. Con este texto corto pero provocativo, ell autor abre un nuevo e importante debate. (Paolo Luers)

El bukelismo después de Bukele
De Jesús Villalta, 6 de abril 2026 7Sitio PAOLO
Una parte importante de los salvadoreños que todavía cree en la democracia mantiene una esperanza clara: que, al terminar el período de Nayib Bukele, El Salvador pueda recuperar la independencia de poderes, el respeto a los derechos humanos, la transparencia y los valores democráticos. Esa esperanza no es menor. Expresa el deseo de volver a un país donde la ley esté por encima de la voluntad de un gobernante y donde las instituciones no funcionen como extensiones del poder presidencial.
Pero esa expectativa, aunque legítima, no basta. También hay que mirar de frente un riesgo real: que el país no entre en una etapa de reconstrucción democrática, sino en una nueva fase de continuidad autoritaria. Es decir, que quienes vengan después no corrijan los abusos del presente, sino que aprendan de ellos y los perfeccionen.
Ese peligro no debe subestimarse. Bukele no solo ha concentrado poder; también ha impuesto un estilo de hacer política basado en la manipulación de las emociones, la polarización constante, el desprecio por la Constitución cuando estorba y la idea de que los límites democráticos son obstáculos y no garantías. El problema es que ese método puede sobrevivir a su creador. Puede convertirse en una fórmula atractiva para cualquier liderazgo futuro que quiera conservar popularidad, controlar las instituciones, robar y gobernar sin contrapesos.
Por eso, la pregunta de fondo no es solo cuándo termina Bukele, sino cómo evitar que el bukelismo continúe sin Bukele. Ahí está el verdadero desafío nacional. Porque un cambio de gobierno no asegura, por sí solo, un cambio de rumbo. La democracia no se restablece automáticamente con el relevo de nombres. Se necesita algo más profundo: reconstruir la cultura constitucional, devolver valor a la verdad pública, garantizar la libertad de prensa, fortalecer una ciudadanía crítica y exigir que cualquier alternativa política se comprometa de verdad con las reglas democráticas.
El Salvador necesitará, además, una oposición distinta: no solo electoralmente competitiva, sino moral e institucionalmente creíble. Si quienes aspiran a suceder al actual oficialismo repiten el mismo desprecio por los límites legales, la misma política emocional y la misma tentación autoritaria, el país no habrá salido del problema. Solo habrá cambiado de administrador.
La gran tarea, entonces, es impedir que el autoritarismo se vuelva costumbre. Evitar que la excepción se convierta en norma. Y eso no depende únicamente de un presidente o de un partido, sino de la capacidad de la sociedad salvadoreña para volver a creer en la república, en la legalidad y en el valor de los contrapesos.
Lo más difícil no será sacar a un tirano. Lo más difícil será impedir que su forma de ejercer el poder se quede instalada en la vida nacional.
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