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María Corina y El Tigre. Columna Transversal

La líder de la oposición venezolana abraza a Abelardo de la Espriella, el líder de la nueva derecha colombiana. Lo abrazó incluso antes de que los colombianos votaron.

María Corina y El Tigre. Columna Transversal

De Paolo Luers / 23 de junio 2026 / SitioPaolo

En la manana del día de las elecciones colonbianas vi un tuit de María Corina Machado – y al día siguiente otro. Me asustaron. Son de los tuits que hay que guardar, porque envejecen mal para sus autores. Cuando llega el momento adecuado, los sacarán con el comentario: “Siempre hay un tuit...”

Aquí el primero, posteado cuando en Colombia abrieron los locales electorales.

Si alguien piesa que este tuit no expresa apoyo a un candidato específico, vea el tuit de MCM del día siguiente: tras la elección De la Espriella:

La líder de la oposición democrática venezolana llama a sus vecinos colombianos a elegir a un presidente de la nueva corriente de ultraderecha que está desplazando en América Latina y varios países europeos a la derecha democrática, de tradición conservadora o liberal. Están construyendo regímenes autoritarios, con vocación neofascista. Detestan la democracia liberal y plural, los esfuerzos de concertación nacional, los Derechos Humanos y las políticas de inclusión social.

Le contesté a María Corina: “¿No ves por nada que la democracia colombiana puede estar en peligro si el candidato de la ultraderecha cumple sus promesas/amenazas, María Corina? ¿O es pura conveniencia apoyar al preferido de Trump? De todas formas es un error. A veces es mejor callarse.”

Pero me quedé corto. Por esto, escribo esta nota.

Cuando vi llegar a El Salvador a un grupo de activistas de la oposición venezolana, militantes de Voluntad Popular, para organizar la campaña electoral que llevó al poder a Nayib Bukele en 2019, me sorprendió y me disgustó mucho, porque ya sabía quién era Bukele y qué quería hacer en El Salvador. Había visto su veta populista, demagógica y sabía que detrás de esta cara de anti establishment había un hombre con sed de poder y venganza. (De paso sea dicho: vi lo mismo ahora en Abelardo de la Espriella.)

Puedo conceder a los venezolanos, los Lester Toledo, Sara Hanna y Cía. que no podían ver esto. No en 2019. Muchos en El Salvador no lo veían o no querían verlo...

Para cuando Nayib Bukele, en 2020, se quitó la máscara y mostró su cara autoritaria, los venezolanos no se fueron. Cuando vieron a Bukele marchar con militares armados a tomarse la Asamblea, el 9 de febrero de 2020, se quedaron. Toledo, el estratega de campaña, se fue para España, pero no para desmarcarse de Bukele, sino para trabajar para Isabel Díaz Ayuso del ala más extrema del Partido Popular – y siguió asesorando a Bukele e instaló a Sara Hanna en el círculo interno del poder. Se construyó todo un equipo venezolano que se convirtió en un gabinete de facto detrás o incluso encima del gabinete de gobierno de Bukele. Si alguien ayudó a Bukele a concentrar todo el poder, destruir la independencia judicial y finalmente lograr su sueño de reelegirse, fue este equipo venezolano dirigido por Sara Hanna.

Cuando vi pasar esto, me entró una pregunta que hasta ahora no puedo contestar: ¿Cómo es posible que personas que han luchado contra una dictadura ayuden a construir otra en otro país?

Ahora observo que la dirigencia de la oposición venezolana está haciendo alianzas con todas las figuras de la nueva derecha: Trump, Milei, Kast, Novoa, Bolsonaro, De la Espriella, Santiago Abascal de VOX en España. Y de repente, ya no parece nada extraño la complicidad de opositores venezolanos con Bukele. El liderazgo opositor venezolano o ha decidido hacer pactos con el diablo, o se está reinventando como parte de esta nueva ultraderecha. Ambas explicaciones hablan muy mal de ellos.

Cuesta aceptar que una mujer como María Corina Machado sea ciega – o se haga del ojo pacho – frente al autoritarismo siempre que no tenga etiqueta roja. Es difícil no ver que lo de Bukele es una dictadura de nuevo estilo, pero una dictadura. No me puedo imaginar que María Corina, Leopoldo López, Julio Borges, David Smolansky no vean una dictadura cuando la vean de lejos.

Igual es incomprensible que con la vivencia que han tenido en Venezuela no vean que Abelardo de la Espriella quiere imitar a Bukele – y que en el camino de hacerlo va a meter a Colombia en un conflicto interno violento, porque Colombia no es El Salvador. El “Modelo Bukele de Seguridad”, eje central de la campaña de Espriella, no puede funcionar en Colombia. Los narcos y narcoguerrillas de Colombia no son comparables con las pandillas salvadoreñas. La sociedad civil y la oposición en Colombia no están dispuestas a canjear sus derechos civiles y humanos por seguridad, que es requisito para que el modelo Bukele funcione.

Aun así María Corina abraza a Abelardo como si fuera otro luchador incansable por la libertad. Y no sólo ella. La cúpula de la oposición venezolana celebra la llegada al poder de Espriella, aunque saben de sus conexiones con el paramilitarismo, con los narcos, con Alex Saab, el operador de Maduro. Estas conexiones son ampliamente documentados por la prensa.

¿Es tan difícil ver que de la Espriella es el dream come true que Pablo Escobar nunca pudo realizar?

La izquierda colombiana y su actual presidente Gustavo Petro tienen su cuota de responsabilidad por el surgimiento de la derecha autoritaria, antidemocrática y violenta. Igual como la izquierda democrática venezolana tiene responsabilidad por el hecho absurdo de que ahora la alternativa a la dictadura chavista parece ser una derecha aliada con Trump y sus peores copias en América Latina.

Si quieren ver los tuits en X para comentarlos, aquí los links:
Primer tuit
Segundo tuit

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