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El "modelo Bukele" no es poner orden, es poner una dictadura

Hay un fantasma que recorre América Latina: el "modelo Bukele". Pocos entienden qué realmente significa este modelo y que no es exportable.

El "modelo Bukele" no es poner orden, es poner una dictadura

El Mundo (España), 13 de agosto 2026

Columna Transversal de Paolo Luers / 14 de agosto 2026 / ElSitio

"El orden necesita garantías", es el título del editorial que el periódico español El Mundo publicó el 13 de agosto de este año. Es un título que resume una posición de principios democráticos sobre el tema de las políticas de seguridad pública. Bien dicho. El orden necesita garantías de debido proceso y derechos humanos. Hoy en día, hace falta resaltar este principio, porque el populismo punitivo que se ha puesto de moda no solo en América Latina lo pone en duda.

El editorial explica el auge de los gobiernos de derecha en América Latina -Argentina, Chile, Ecuador, Perú, Colombia- con la insatisfacción que causa la incapacidad de los gobiernos de combatir el crimen organizado – y con la agilidad con la que los movimientos de derecha extrema se aprovechan de la popularidad de Nayib Bukele y su modelo de seguridad. "La violencia se ha convertido en uno de los grandes motores del cambio político en América Latina, inclinando el voto hacia un populismo autoritario que promete por encima de todo seguridad."

Hasta ahí es correcto el análisis. Pero enseguida el editorial de El Mundo dice: "El modelo Bukele -mano dura contra la delincuencia sin respetar garantías procesales, libertades civiles o derechos humanos- está exportándose con rapidez a otros países de la región a medida que el Estado pierde la capacidad de permitir al ciudadano algo tan elemental como caminar sin miedo por la calle, abrir un negocio sin pagar una extorsión o vivir en un barrio que no esté controlado por una organización criminal." Esto es falso, por lo menos es una muy superficial percepción de lo que está pasando. El problema: Quienes afirman que se está exportando el modelo Bukele al resto del continente no entienden a fondo lo que significa este modelo puesto en práctica en El Salvador.

Los nuevos presidentes de derecha, todos de tendencia autoritaria y de populismo punitivo, predican la receta de mano dura contra la delincuencia -de la común hasta la altamente organizada de los carteles de droga, pasando por las pandillas, las mafias de los pobres- y en sus discursos hablan del ejemplo de El Salvador, donde Nayib Bukele ha logrado vencer a las poderosas pandillas y ahora ofrece seguridad y tranquilidad a su pueblo. Usan, igual que Bukele, las imágenes de la mega cárcel CECOT, como símbolo de una nueva política de seguridad. Pero ojo: Nadie en América Latina, a pesar de los encendidos discursos, está aplicando el sistema CECOT. El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, fue el primero en anunciar que va a construir mega cárceles de alta seguridad "tipo CECOT". Luego hicieron lo mismo la ministra de Seguridad de Milei en Argentina, Kast en Chile, Fujimori en Perú y Abelardo de la Espriella en Colombia. En Ecuador y en Chile ya están inaugurando estas nuevas cárceles. Pero resulta que nada más son cárceles grandes, de alta seguridad y con capacidad de aislar a los reos de su entorno social. Son cárceles que estos países, con los problemas que enfrentan, necesitan desde hace años para sustituir los penales, en los cuales mandaron los criminales y desde los cuales organizaron sus operaciones delictivas.

El modelo Bukele es otra cosa muy diferente: Los de Bukele son megacárceles que sistemáticamente son llenadas de miles de jóvenes de los barrios pobres, indistintamente si tienen conexiones con las pandillas o no. El modelo Bukele (o modelo CECOT) es el estado de excepción permanente (ya por más de cuatros años), que permite tener a los 90 mil detenidos durante años sin juicio, sin acceso a sus defensores, sin contacto con sus familias, sin adecuada atención médica. El modelo Bukele sólo funciona porque Bukele logró concentrar todo el control del Estado en sus manos, aboliendo la independencia de la justicia. Y hay que decirlo con claridad: para Bukele, la finalidad no era resolver el problema de la violencia, fue su método para consolidar la dictadura.

Puede ser que a algunos de los gobernantes de derecha autoritaria en Suramérica les encantaría copiar este modelo, pero ninguno está en condiciones de hacerlo y, por tanto, ni siquiera lo intentan. Construir cárceles grandes y seguras para que los criminales peligrosos cumplan sus condenas, pero sin quitarles las garantías constitucionales, ni a ellos ni mucho menos a toda la población (como es el caso en El Salvador) no es dictadura. Es lo que una democracia fuerte debe hacer para garantizar seguridad a sus ciudadanos.

Esto no significa que Bukele está logrando exportar su modelo. Exporta su discurso, esto sí, pero no su dictadura. No puedo afirmar que sus seguidores, en las diferentes Casas Presidenciales y cuarteles de América Latina, no vayan a cometer abusos en su política de mano dura -algo casi inevitable-. Pero para que estos abusos puedan convertirse en un modelo sistemático de represión, estos países tendrían que abolir la independencia de los jueces, controlar una mayoría aplastante en el parlamento, erradicar todas las instituciones independientes que ejercen funciones de control del ejecutivo – y además callar la prensa independiente, las organizaciones de derechos humanos, sindicatos, etc. Todo esto es parte esencial del modelo Bukele. Hay que estudiarlo y explicarlo, antes de hablar de la exportación exitosa de este modelo.

Por esto es fatal el subtítulo que El Mundo puso a su editorial: "La 'bukelización' de América Latina está convirtiendo la necesidad de atajar la violencia en un cheque político en blanco." Para que Abelardo de la Espriella pueda tener este "cheque en blanco" primero tendría que seguir el guión completo de Bukele para fundar una dictadura. Ni él, ni sus colegas derechistas en el continente tienen condiciones para hacerlo.

Al final, el editorial de El Mundo llega a la conclusión correcta y bien dicha: "América Latina necesita una mayor autoridad estatal: desde policías profesionales a cárceles que no funcionen como centros criminales, pasando por fronteras controladas y jueces y fiscales protegidos. Pero también necesita que cualquier ciudadano pueda confiar en que una detención será revisada por un juez y respaldada por pruebas".

Dicho de otra manera: el gran reto es construir políticas de seguridad que sean eficientes, pero democráticas. Es muy poco probable que la nueva derecha tenga esta capacidad. Depende principalmente de Brasil y México elaborar y poner en práctica un modelo democrático de seguridad, como alternativa y antídoto al modelo autoritario de Bukele. Pero esta alternativa, hasta la fecha, tampoco se ve muy clara.

Posdata: Lo que señalo no es un problema del periódico El Mundo, se observa en general en la prensa internacional. Igual hubiera podido tomar como ejemplo un artículo en El País titulado "El gobierno de Kast ejecuta un traslado masivo de reos de alta peligrosidad al estilo Bukele."

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