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HAITÍ: MISIÓN IMPOSIBLE

Nayib Bukele ha despachado u contingente militar adicional a Haití para rescatar a los 4 soldados salvadoreños secuestrados. Amanaza con destruir a las pandillas como lo hizoen El Salvador.

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Columna Transversal

Haití: Misión imposible

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Pandilleros haitanos

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De Paolo Luers / 22 de octubre 2026 / SitioPaolo

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"Quiero que ustedes, los líderes de las pandillas, comprendan una cosa muy claramente: el ataque de hoy no es nada comparado con lo que se viene si no liberan a los cuatro rehenes vivos. Ya acabamos con las pandillas en El Salvador, y también podemos acabar con ustedes". Así se dirige Nayib Bukele en un mensaje en X a los líderes de las pandillas haitianas. O las pandillas liberan a los cuatro soldados salvadoreños desaparecidos luego de caer en una emboscada en un barrio de la capital, Puerto Príncipe – o Bukele los va a destruir.

Suena como las erráticas amenazas que Donald Trump suele publicar en su plataforma Truth Social, dirigidas a Irán: "O abren el estrecho de Ormuz, o vamos a borrar su país de la faz de la tierra..." No es la única coincidencia entre Trump y Bukele: ambos no pueden cumplir sus amenazas.

Pero parece que Bukele, igual que Trump en Irán, hará el intento. Ya ha hablado con Rubio y parece que en Washington estarían encantados de que Bukele mande tropas para combatir en Haití. Ya en diciembre pasado hizo que la Asamblea aprobara la ampliación del mandato del contingente salvadoreño en Haití. Ahora pueden entrar en combate, cuando su misión original se limitaba a tareas de apoyo aéreo para evacuar heridos. La aprobación de su propia Asamblea y de Washington es suficiente para Bukele: ya despachó a su ministro de Defensa a Haití, con un contingente de tropas cuya fuerza no ha sido revelada.

La afirmación de Bukele de que su Fuerza Armada tiene la experiencia necesaria para derrotar a las pandillas haitianas es muy atrevida. La Fuerza Armada salvadoreña no ha tenido ningún papel clave en la destrucción de las pandillas salvadoreñas. Durante todos los operativos de detenciones masivas de pandilleros, colaboradores y miles de inocentes, el ejército participó como apoyo de la PNC, no como fuerza militar. No hubo ninguna resistencia de las pandillas. No hubo enfrentamientos.

Sería irresponsable pensar que de esta manera se podrá repetir la historia en Haití. Las pandillas de este país de hecho son milicias altamente armadas, no como las maras salvadoreñas, en las cuales solo una parte de sus miembros tenían apenas pistolas.

Cuando Bukele decidió que era tiempo de desarticular a las pandillas, estas tenían órdenes de sus máximos dirigentes (quienes habían pactado con Bukele durante siete años, desde su campaña para la alcaldía de San Salvador hasta marzo 2022), de no ofrecer resistencia. Nada parecido se puede esperar en Haití, donde ni siquiera existe un gobierno con el cual negociar.

Las mafias haitianas están atrincheradas en zonas urbanas y tienen amplia experiencia en combate urbano, cosa que el ejército salvadoreño no tiene. La guerra civil, en la cual el ejército se forjó y ganó experiencia, tuvo lugar en las montañas. Cuando en la ofensiva guerrillera del 1989 la guerra se trasladó a las ciudades, el ejército tuvo serios problemas para defenderlas.

Entrar en una guerra irregular, de carácter principalmente urbano, en zonas con cero presencia del gobierno y masas viviendo en extrema pobreza, sería una misión suicida para las tropas salvadoreñas – más bien, para las tropas de cualquier país. Solo hay que recordar cómo comenzó esta historia: los cuatro soldados salvadoreños entraron con su vehículo militar a una zona desconocida para comprar comida. Se perdieron y fueron atacados por pandilleros bien armados que conocen este terreno porque tienen años de controlarlo. Su vehículo fue destruido y los soldados fueron capturados, o asesinados.

El intento de tomar control de estas zonas fracasará y obligará a las tropas internacionales a gradualmente deslizarse hacia la única estrategia que le queda a una fuerza militar extranjera que no puede ganar de otra forma: la estrategia de destrucción al estilo de las operaciones de Israel en Gaza. Tendrían que pedir apoyo a Estados Unidos y su Fuerza Aérea.

De esta manera, tal vez se cumpliría la amenaza de Bukele cuando dijo en su mensaje: "El ataque de hoy no es nada comparado con lo que está por venir si no liberan a los cuatro rehenes vivos."

Como dijo Trump a los líderes de Irán, cuando les dio un ultimátum para permitir el libre tráfico comercial por el estrecho de Ormuz: "Una civilización entera morirá esta noche, para no volver jamás. No quiero que suceda, pero probablemente ocurrirá." El resto de esta historia ya lo conocemos: la humillación a una potencia y su líder, Donald Trump.

Habrá que preguntar a Nayib Bukele: ¿Qué capacidades cree usted tener para conducir exitosamente una operación militar de este tipo no fracasar como el presidente de los Estados Unidos?

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