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El CECOT, la MS y las preguntas que Washington pueda hacerle al “dictador cool”

Las posibles implicaiones para Bukele de la toma de cotro del Congreso de los Demócratas

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El CECOT, la MS y las preguntas que Washington pueda hacerle al “dictador cool”

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Carmen Rodriguez, periodista salvadoreña en Washington, DC

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Por Carmen Rodríguez / Washington DC / 5 nov. 2026

Cuando el nuevo Congreso inicie las investigaciones que desde ya prepara para poner bajo escrutinio las acciones de las políticas migratorias de Trump, el esquema de “pay to play” (pago de favores) como las deportaciones al CECOT y la entrega de líderes de la MS-13, el “dictador cool” podría convertirse en el ex amigo del “President T” y, además, podría quedarse sin protecciones.

No es nuevo un resultado adverso en unas elecciones de medio término, Obama también lo vivió, pero no fue igual. La victoria demócrata de estas elecciones abre un nuevo capítulo en la política de Estados Unidos. Con el control del Congreso, los demócratas tendrán más oportunidades y más herramientas para investigar a operadores clave de la Administración Trump, incluido el mismo presidente y su familia, sus negocios, las presuntas redes de corrupción y los abusos cometidos durante la ejecución de las políticas migratorias.

El silencio del “bestie de President T” es curioso. ¿Será que ya sabe que no habrá nadie que vaya a defenderlo cuando avancen estas investigaciones y que la información que se encuentre pueda incluso comprometer esa gran amistad con su amigo?

¿Será que ya sabe que la lealtad de su amigo llega hasta donde el tonto útil deja de ser útil?

Sus amigos del Caucus de El Salvador del Congreso tampoco lograron la reelección.

La relación de estos dos personajes nos fue presentada como una gran relación de amistad y como una alianza estratégica basada en intereses comunes, en temas de migración y seguridad. Pero la política internacional no se sostiene sobre las lealtades personales, ni sobre el papel de una embajadora que se dedica a organizar a la “socialité”, a la crème de la crème de la diáspora, en lugar de practicar la diplomacia y cultivar las relaciones diplomáticas.

Las relaciones diplomáticas, especialmente las de Estados Unidos bajo la era Trump, se basan en la conveniencia. Trump respaldó al “cool” porque esa relación le permitió exhibir resultados políticos, proyectar autoridad y fortalecer su discurso contra la migración irregular y las deportaciones de supuestos criminales. Pero si lo acordado con El Salvador se convierte en una amenaza para su presidencia, “President T” no dudará en dejar solo a su gran amigo, ni siquiera para ahorrarse el costo de defenderlo, sino porque su lealtad no es para ningún amigo.

El “cool” debería saber que su amigo no tiene intenciones de asumir las consecuencias políticas, jurídicas o diplomáticas de las decisiones de otros gobiernos, en este caso, de las decisiones de su gobierno, el más cool y más inteligente del mundo mundial.

Si las investigaciones revelan irregularidades en las deportaciones, presuntas interferencias en procesos judiciales o acuerdos que comprometieron la legalidad de las operaciones migratorias, la prioridad de la Casa Blanca no será proteger al “cool”, sino a su presidente, y esto puede derivar en la ruptura de esa gran amistad.

La cosa se pondría más interesante si el Congreso decide investigar la entrega a El Salvador de líderes de la MS que enfrentaban procesos judiciales en Estados Unidos. La información que es bien conocida en Washington apunta a que estos pandilleros podrían haber tenido información relevante sobre acuerdos entre dirigentes de la MS y funcionarios del gobierno de Nuevas Ideas.

Recordemos que la embajadora modelo (no porque sea un buen ejemplo) nos lo dijo: “Lo que sí el presidente dijo y fue muy tajante: Quiero que me mande los cabecillas de pandilleros que están en Estados Unidos, es decir, ese tema fue lo único que el presidente Bukele, se lo dijo exactamente: queremos las cabecillas que están en Estados Unidos, queremos que nos los deporten…”

Y entonces, con la investigación podrían surgir nuevas preguntas: ¿Existió un intercambio político, hubo un “pay to play”? ¿Se sacrificaron investigaciones judiciales para facilitar la cooperación migratoria? ¿Qué información conocían las autoridades estadounidenses y las mismas autoridades salvadoreñas?

“Oopsy… too late 😂”

Esta relación nunca fue la de la gran amistad que nos querían hacer creer.

Aquel “I miss you already, President, ” fue como un capítulo de esas historias de amor en las que se descubre que uno de los dos amantes está bien enamorado, pero el otro solo quiere la prueba de amor.

Y entonces parecía que el “cool” estaba empeñado en demostrarle a su mejor amigo que no había favor que no estuviera dispuesto a hacer.

Prestó su cárcel, proyecto estrella, recibió deportados de otros países, se convirtió en el socio número uno de la política migratoria que otro gobierno no aceptó, ni el de Milei; no intercedió por sus tepesianos, esos que le ayudaron a consolidarse en el poder; aceptó que tratarán a sus compatriotas como animales y criminales, cuando no lo eran y “President T” disfrutó de los beneficios de esa relación.  

En Washington hay un dicho conocido: “Aquí no olvidan”.

Y no es difícil recordar cuando un juez ordenó detener las deportaciones y la respuesta (de bicho virgo) del “cool” fue “Oopsy… too late”, como quien presume que ya hizo el favor y no dará marcha atrás. El problema de estar demasiado enamorado de un aliado político es que se puede terminar confundiendo la cooperación con la subordinación.

Y como en cualquier divorcio tóxico, cuando llega la separación, no hay ninguna garantía de que el otro vaya a tener ninguna consideración.

Tanto en la política como en el amor, no siempre quien da más es quien más importa.

Y en esta relación, hay una ironía difícil de ignorar. Aquel líder que se llenaba la boca y que twiteaba bien macho asegurando que El Salvador no sería el patio trasero de nadie, terminó poniendo nuestro país a disposición de la Casa Blanca y su territorio para resolver los problemas migratorios de Estados Unidos y para exhibir como animales a los inmigrantes. Y no, no me refiero a los pandilleros.

De proclamarse defensor de la soberanía salvadoreña, de querer verse como Francisco Morazán o Simón Bolívar, terminó siendo el aliado obediente, sumiso y útil de “President T”. Quiso hacernos creer que estaba sentado a la mesa del poder, pero en realidad era, apenas, el que recogía los platos de la mesa cuando los del poder ya se habían levantado.

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